150 AÑOS DE LA “NACHO” EN MEDIO DE LA CRISIS DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Por representante, Ángela María Robledo Gómez

Ángela María Robledo Gómez

Parece casi un milagro que la Universidad Nacional, una de las mejores del mundo y la mejor del país, haya podido sobrevivir a la desidia histórica de los gobiernos de turno que día a día hacen su mejor esfuerzo para minarla, bien sea a través de la reducción de su presupuesto, la enajenación de sus terrenos, el cierre de su hospital universitario o el colapso de sus edificios.

En realidad, no se trata de “aguar la fiesta”, deberíamos estar celebrando sin duda que nuestra universidad insigne, patrimonio de todos los colombianos, conmemore 150 años de vida y compita incluso con la mejores del mundo, pero esta conmemoración se da en medio de una crisis que se viene gestando hace décadas, toca a la universidad pública en general y al derecho de los jóvenes colombianos a recibir una educación pública, gratuita y de excelencia.

Desde el Congreso, he denunciado insistentemente la crisis de la Universidad Nacional que afecta a más de 30 mil estudiantes, en su mayoría de estratos 2 y 3, y a la que se le han reducido los recursos en más de la mitad: en el año 2000, los recursos de la universidad provenían en un 73% de la Nación (27% de otras fuentes), hoy le toca a la universidad “conseguir” casi la mitad de los recursos, vía consultoría o vendiendo servicios ajenos a sus objetivos, lo cual resulta insostenible.  

Sumado a lo anterior, está la crisis de infraestructura que afecta a cuarenta y nueve edificios de la universidad y que requiere para su reconstrucción y reforzamiento más de 2 billones de pesos. Hemos dicho que pareciera intencional que se caiga la universidad, para así ceder a enajenar sus estratégicos predios. El Hospital Universitario San Juan de Dios y su centro de investigación sucumbió al olvido estatal y a la desidia de los gobiernos distritales que no movieron un dedo para recuperarlo.

A pesar de su situación financiera y estructural, cada año la “Nacho” genera más de 50 innovaciones tecnológicas. Tres de cada diez invenciones en el país son de la Nacional, y tan solo el año pasado (2016) obtuvieron 36 patentes. La universidad cuenta con 95 programas de pregrado, 64 doctorados, 165 maestrías, 40 especialidades y 80 especializaciones. Hoy, gracias al esfuerzo de profesores y exalumnos, renace el Hospital Universitario Nacional de Colombia, que pretende convertirse en referente de la salud en el país. El trabajo académico y el aporte de la universidad al Acuerdo de Paz fueron vitales para dar el paso definitivo en el silenciamiento de los fusiles.    

La crisis de la Universidad Nacional está enmarcada en la situación general de las 32 universidades públicas del país que, tal como lo ha denunciado Adolfo León Atehortúa, rector de la Universidad Pedagógica y presidente de la Asociación Colombiana de Universidades (Ascún), están en riesgo inminente de cierre por el sostenido recorte del presupuesto para su funcionamiento, lo que pone en peligro el futuro de unos 600 mil estudiantes en todo el país.

Así, mientras las universidades públicas triplicaron la cobertura, el Gobierno Nacional ha disminuido los recursos en más del 30%, ocasionando un hueco financiero de unos 15 billones de pesos y centrando su inversión en el Programa Ser Pilo Paga –crédito beca-, que fortalece especialmente a las universidades privadas.   

Solo en los últimos dos años, el Gobierno invirtió cerca de 807 mil millones de pesos en las universidades privadas a través del Programa Ser Pilo Paga, que consiste en un subsidio a la demanda, y tiene presupuestado, para este 2018, invertir otros 580 mil millones. Datos del propio ICETEX indican que el 87,4% de sus créditos van dirigidos a estudiantes que ingresan a universidades privadas, frente a un 12,5% que van a las públicas. Cifras del Ministerio de Educación corroboran que, de los 30 mil estudiantes “pilos” que tiene el programa, el 82% se encuentra en universidades privadas y el restante en públicas.   

Un “pilo” vale el doble en una universidad privada que un “no pilo” en una pública y esta inversión va en detrimento de la educación superior pública y gratuita, que es un derecho de nuestros jóvenes que, si no fuera por las escasas oportunidades que tienen en la educación media, entrarían a la categoría de “re-pilos”. No es posible construir una Colombia más educada y democrática, privatizando la educación y endeudando a los jóvenes más pobres y, de paso, minando la educación pública en donde el que es pilo no paga. (Una versión acotada de esta columna fue publicada en el Diario La Patria).

Destacado: Un “pilo” vale el doble en una universidad privada que un “no pilo” en una pública y esta inversión va en detrimento de la educación superior pública y gratuita

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