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“Que la cuarentena sirva para reflexionar cómo vemos de otra manera el futuro de nuestro país donde la justica social sea una realidad”


¿Estábamos preparados para una situa – ción pandémica? Quizás ningún país lo estaba, al menos para contenerla dentro de sus fronteras. Por supuesto que, de la ca – pacidad económica, la fortaleza y eficiencia de los sistemas de salud y seguridad social de los países, así como la determinación y prioridad de los gobiernos, dependen los resul – tados sobre la lucha contra el Covid19. Los ciudadanos han sido espectadores y pro – tagonista en esta coyuntura. Por un lado, hemos visto como los gobiernos basan sus medidas en – tre mantener la economía o garantizar la vida de sus conciudadanos a cualquier costo. Sin lugar a duda no ha sido fácil afrontar este tipo de deci – siones, más difícil aun es soportar la carga desde abajo, tal cual lo están haciendo mayoritariamen – te los pueblos que poca o nula injerencia tienen en las altas esferas del gobierno. Son los pueblos más pobres, los sectores tra – bajadores, informales, los pequeños desde el punto de vista económico, los más vulnerables; estos muestran ser los protagonistas y víctimas mayoritarias de esta pandemia, reflejado en la exposición diferenciada y de clase a la que están sometidos millones de personas que no gozan de un sistema de salud y protección social. Los colombianos vemos como puede ser nuestro futuro, si toma un rumbo propio e inédito o se encausa en la tragedia de Francia, Italia, España, Reino Unido y Estados Unidos e incluso Alemania que ha tenido un compor – tamiento un poco diferenciado que se refleja en las víctimas mortales y número de contagiados. Tenemos por lo menos 15 días de ventaja, pues viendo el desarrollo de la pandemia en los países con dos semanas de diferencia a nuestro favor, es posible adoptar medidas con cierto grado de oportunidad para ser mas acertado y oportunos. Lo cierto es que tal situación ha revelado de manera generalizada la fragilidad humana, la avaricia del sistema financiero mundial, en es – pecial el colombiano y reafirma la precariedad del sistema de salud visibilizado en el maltrato laboral al que se tiene sometido a los trabaja – dores de la salud y personal médico; así como también la importancia de autoabastecernos de elementos esenciales para la vida mas que para el mercado, elementos para la supervivencia, salud y alimentación. ¡Devela la importancia de sustraer de las perversas lógicas del mercado los sistemas esenciales para la vida! Principalmente desde el gobierno nacional se ha promovido la idea de que los médicos son héroes, pero elude que en realidad han sido víctimas y de seguir su desprotección se convertirán en mártires. Como concebir héroes que no se les paga oportunamente y por el contrario se les adeudan numerosos meses de honorarios y salarios. Personal de salud que no cuentan con los mínimos de elementos de protección. Centros hospitalarios y clínicas que tienen deudas en los servicios de agua y energía con el riesgo de ser suspendidos, un personal de salud publica sometido al régimen comercial y no al laboral. Todo lo anterior precedido de una persecución sistemática a los defensores de la salud pública. Fueron muchos dirigentes del sector, especialmente del sindicato de ANTHOC los que salieron exiliados, desplazados y fueron asesinados por denunciar los niveles de corrupción y defender la salud como un servicio publico a cargo del Estado, esa misma consigna que hoy grandes dignatarios de países como el Reino Unido e Irlanda reconocen como necesaria. Quizás esta sea la primera de muchas otras situaciones donde nos toque como humanidad lidiar con calamidades parecidas, los más optimistas plantean ciclos intermitentes, lo que nos lleva a pensarnos mas a largo plazo lo preparado que debemos estar. El reto como sociedad es cambiar el rumbo de las políticas públicas, el gasto social y la necesidad de producir nuestra propia comida y ponerla en donde se requiera.

Como sociedad tenemos una deuda histórica con nuestros campesinos. Deuda que aún ni en las más adversas condiciones reconocemos su importancia y necesidad. “Obras son amores” reza el viejo adagio popular, pues no es con aplausos y like en las redes sociales con que debemos reconocerles, sino con sus derechos a la tierra y la restitución de los predios despojados, pero sobre todo, como un actor poblacional que cuenta en la historia económica, social y cultural del país. Todos, de alguna forma somos descendientes de los campesinos; y en tal medida debemos honrar esta condición. Como congresista estoy comprometida con las causas de la justicia so cial y la democracia, la defensa del agua como elemento esencial para la sustentabilidad, así como con el reconocimiento de los campesinos, campesinas y el conjunto de trabajadores rurales para los cuales debemos valorar y reconocer materialmente sus derechos; una medida que contribuye a ello, es que el Estado y el conjunto de la sociedad reconozcan su actividad como esencial para la vida y por fuera de la incertidumbre del mercado. Es absurdo seguir pensando que la solución pasa por los bancos, o por las leyes del mercado capaces de regular hasta la peste más agresiva. No es una oportunidad de negocio, no es una mera enseñanza económica; es ante todo la necesidad de prepararnos para la vida de todos y la defensa del planeta, nuestra casa común. Ello implica sacar del pozo donde están sometidos la gran mayoría de los colombianos, acortar la brecha y zanjar cada día las diferencias materiales, sociales y políticas entre los pocos de arriba y los muchos de debajo de nuestra sociedad. Pues seguramente mientras unos continúan haciendo negocios, acumulando tierra improductiva y pensando en aplazar los viajes de vacaciones, la inmensa mayoría aún piensa en quehacer para comer el día de hoy. Que la cuarentena sirva para reflexionar cómo vemos de otra manera el futuro de nuestro país donde la justica social sea una realidad.

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