Bienvenidas las FARC a la política

Columnistas Opinión

GUILLERMO GARCÍA REALPE
Senador, Partido Liberal

El 20 de julio pasado, cuando se instaló el Congreso de la República, hubo dos hechos muy importantes que poco marcaron el registro de los medios de comunicación.

Uno fue la presencia de las FARC, en un hecho histórico en el Congreso de la República, hoy denominada la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, partido legal y constitucionalmente creado y establecido, y el otro, el gran discurso de balance de los ochos años de gobierno del presidente Juan Manuel Santos, en los aspectos de paz, educación, economía y producción.


“bienvenida las FARC a combatir con ideas en el marco de la democracia”


Entonces, la gran noticia que resultaba para el país con estos dos hechos no lo fue, por el acto mediático que protagonizó el senador y exalcalde de Bogotá, Antanas Mockus, en la propia sesión plenaria de instalación de la legislatura, que todo el mundo conoce.

Posteriormente, en los días siguientes, la renuncia del expresidente Álvaro Uribe, ocupó todo el marco de análisis de información de los medios de comunicación, de la opinión en general de nuestro país, de los columnistas y, por supuesto, de las redes sociales.

No podemos dejar de registrar estos dos hechos importantes y, particularmente, la presencia de las FARC en el Congreso de la República, es decir, que el proceso de paz sigue avanzando con resultados evidentes.

El país es testigo de que el Congreso de la República ha aprobado las leyes y las reformas constitucionales en materia de Justicia Especial para la Paz, en materia de participación política, en materia de desarrollo agrario integral y otros asuntos.

Hay que destacar también que las FARC le han cumplido al país, han honrado su palabra, concentrándose, inicialmente; segundo, desarmándose y luego desmovilizándose y, hoy, haciendo presencia como cualquier ciudadano colombiano en el Congreso de la República. Esto es algo muy importante.

Los hechos en las regiones también lo corroboran. A pesar de los problemas que hoy continúan alrededor del tema del narcotráfico, que es un tema de dinámica diferente, el tema de la deforestación y de la minería ilegal, no podemos negar que el impacto del conflicto es cosa del pasado.

Muchas veces se ha reiterado que ya no hay soldados heridos en las camas del Hospital Militar de Bogotá, y en los últimos días se ha manifestado que los negocios de las funerarias y de los servicios asociados a la muerte en Colombia, en el Sur de Bolívar en este caso, están quebradas, porque ya no existen los muertos que antes existían.

Esas y otras expresiones de la paz en las regiones son pruebas de que el proceso de paz valió la pena. En el caso nuestro, hoy podemos salir a todos los municipios en el departamento de Nariño y a regiones del sur de Colombia como el Cauca, Caquetá y Putumayo, lo que no se podía hacer en otras oportunidades.

De tal manera que, bienvenida las FARC a combatir con ideas en el marco de la democracia, a disparar propuestas para el bien del país, a luchar frontalmente contra la corrupción, y a ayudar a blindar el proceso de paz.

Los nuevos integrantes del Congreso de la República del partido FARC tienen que tener claridad de que deben construir una agenda social, con una plataforma ideológica clara, basada en varios frentes; donde lo principal, por supuesto, debe ser la defensa y continuidad de las políticas, programas y proyectos a desarrollarse en el posconflicto. También, abanderarse del tema ambiental y agrario, sectores claves para el desarrollo futuro del país.

Solo de esta forma podrán ir allanando el camino para sintonizarse con la opinión pública nacional y para que los ciudadanos los acojan de forma positiva. Por mi parte, sigo siendo un convencido de que prefiero ver a las FARC detrás de una curul en el Capitolio Nacional y no en nuestros campos y regiones, generando muerte y violencia.

Así que, señores y señoras, de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, bienvenidos y bienvenidas al debate de las ideas, a la controversia nacional y a la Casa de la Democracia.

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