Colombia decide, un paso hacia las presidenciales

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La medición a los candidatos a la Presidencia y la composición del nuevo Congreso, abren las puertas a unas realidades políticas que no han tenido antecedentes en Colombia. El Centro Democrático, considerado el principal partido de oposición, dio un paso adelante al ubicarse como la primera fuerza política del país, mientras organizaciones como Cambio Radical y Alianza Verde aumentaron su presencia en el Legislativo, en una jornada que estuvo empañada por imprevisiones de la Registraduría Nacional del Estado Civil en la distribución del tarjetón electoral para las consultas interpartidistas, en varias mesas de votación.

Nunca en unas elecciones recientes el mapa político colombiano fue cambiando tan rápido como en los comicios del 11 de marzo pasado, en los que por primera vez hubo una participación de las FARC, tras su desmovilización como guerrilla en 2016 y en donde el candidato de izquierda, Gustavo Petro, obtuvo un importante respaldo en las urnas que lo perfila como protagonista de la primera vuelta presidencial. Los resultados, en los que partidos como el Liberal y La U cedieron terreno, se convierten en un medidor de lo que puede pasar el 27 de mayo próximo y en un campanazo de alerta para el futuro de los acuerdos de paz.

El expresidente y líder del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, obtuvo la mayor votación del país con 875.554 sufragios.
La gran sorpresa la dio el exalcalde de Bogotá, Antanas Mockus, quien logró el respaldo de 540.783 colombianos para llegar al Senado.

En concepto de los analistas, las elecciones legislativas dejaron varias cosas en claro, como, por ejemplo, que el repitente senador Álvaro Uribe Vélez será uno de los protagonistas del nuevo Congreso que se posesiona el 20 de julio, al lado de figuras como el filósofo y catedrático, Antanas Mockus, quien, como cabeza de lista de la Alianza Verde, fue una de las sorpresas de la jornada al obtener 540.783 votos. También, que pese a perder algunas curules, los partidos tradicionales (Liberal y Conservador), mantienen un poder que, por ahora, en el marco de la democracia colombiana, parece incuestionable. 

Es evidente, además, el avance de las fuerzas independientes y de centro, gracias al creciente voto de opinión, lo que les otorga la posibilidad de tener un rol preponderante en las elecciones presidenciales, en medio de la polarización que vive el país entre la izquierda que apoya a Petro y los sectores de derecha que respaldan al candidato Iván Duque Márquez. Sin embargo, tendrán que replantear sus estrategias si quieren llegar fortalecidas a una primera vuelta.

La jornada electoral se convirtió en una verdadera primera vuelta a la Presidencia, en la que, igualmente, el candidato del Centro Democrático, Iván Duque, se consagró quizás como el más claro aspirante a tomar el mando después de los ocho años de gobierno de Juan Manuel Santos, salvo que se consoliden alianzas que fortalezcan una tercería, en la cual ya trabajan los aspirantes Germán Vargas Lleras, Humberto de la Calle y Sergio Fajardo. 

Aunque su victoria fue contundente, la última palabra aún no se ha dicho. Lo ocurrido entonces debe leerse con mesura, si se tiene en cuenta que en las consultas realizadas cualquier persona podía votar sin importar a qué partido pertenecía o si simpatizaba con los candidatos participantes, para favorecer al uno o al otro.

En todas las campañas se vienen moviendo los números previos a las presidenciales y desde el mismo 11 de marzo se estaban haciendo apuestas, en vista de las alianzas y adhesiones que se esperaban.

Con Duque a la cabeza y ya anunciada su fórmula vicepresidencial, Martha Lucía Ramírez, la sociedad de Centro Democrático y conservadores se convirtió en el punto fuerte y en el contrincante más duro de vencer.

La consulta del CD-PC obtuvo 6.130.300 votos y la de Gustavo Petro y Carlos Caicedo 3.526.136 votos, para un total que supera los nueve millones 600 mil votos, que para el uribismo es una base que los tendría casi como relevo al Gobierno del Presidente Santos. 

Visto de otra forma, tal vez, el resultado que dejó a Duque como el gran triunfador de las elecciones, no sea tan contundente, en razón a que, por ejemplo, los votos registrados por Senado ascendieron a 17.818. 185, lo que implica que aún hay mucho en juego y la incertidumbre está a la orden del día para todos los aspirantes y para el electorado.

Con votaciones que mostraron las fortalezas de los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, del mismo Centro Democrático y de Cambio Radical y con muestras de la consolidación de propuestas emergentes como las de la alianza Polo Democrático y Verdes, sumado a los resultados de la línea de Gustavo Petro con Decentes y a la tremenda sorpresa electoral que significó el regreso de Antanas Mockus, la composición del futuro Congreso augura una intensa e interesante batalla política en el corto y el mediano plazo. Las FARC tuvieron un pálido asomo pero se constituirán en otro punto de interés cuando comiencen los debates y las sesiones del nuevo Legislativo.

Aun en medio de este panorama, la elección de senadores y representantes no fue tan determinante como los resultados de las consultas que se volvieron la medida y casi que el partidor definitivo hacia las presidenciales. 

Unas consultas accidentadas por el lío de la Registraduría con la ausencia de tarjetones electorales en varias regiones, falla cuestionable que, sin embargo, no pasó a mayores, precisamente por el desarrollo de una jornada electoral movida y que absorbió la atención de la opinión pública y de la ciudadanía. Desde muchos sectores, se sigue insistiendo en que las autoridades presenten el informe del caso pues nada justifica la confusión que generó el que no se dispusiera de los elementos que debieron garantizar una elección transparente y sin tacha. Nada podía fallar en momentos en que se estaba ejerciendo el máximo derecho democrático, o sea, el voto.

En cuanto a lo conseguido en la propia elección de congresistas, el senador Jorge Robledo, vocero del pacto del Polo y de la Alianza Verde, reconoció que se impusieron las fuerzas más tradicionales de la política nacional, pero destacó que su votación fue la tercera en el país con 226 mil sufragios y que junto a Fajardo llega a los dos millones de votos y a 26 congresistas. Así, por sus características, se han vuelto una tercera opción entre Duque y Petro. De todas formas, Álvaro Uribe fue el político que logró un mayor capital electoral y la evidencia es que su fortaleza en los círculos del poder ha tenido un repunte sustancial.

No menos positiva fue la situación en que quedó el Partido Conservador, que con cerca de dos millones de votos se apuntaló en un puesto de privilegio y, como sus mismos dirigentes lo dicen, en una fuerza decisiva.

Con Andrés Pastrana gobernaron directamente, pero después no han tenido un presidente, aunque han sido los socios de Uribe y Santos, es decir, han cogobernado a raíz de las votaciones que registraron en las correspondientes convocatorias electorales de los últimos años.

Por supuesto que el panorama del conservatismo no se iguala al del Centro Democrático, cuyo triunfo se resume en la victoria de Duque para la consulta con Martha Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez, que lo pone en primera fila de la aspiración presidencial. Además, frente al hecho de que su partido quedó con la mayor representación en el Senado (19 curules), por los 2,5 millones de votos recogidos y por la votación a favor de Álvaro Uribe, 870 mil votos, también un número histórico para un candidato al Senado de la República.

Las elecciones del 11 de marzo de 2018 se llevaron a cabo en un ambiente de paz, posterior a los acuerdos con las FARC, que tuvieron su espacio en las urnas, a pesar de su tímida irrupción en un ambiente electoral en el que bordearon los 50 mil votos.

Poco después de los comicios del 11, el Presidente de la República, Juan Manuel Santos anunció el regreso a la mesa de conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), otro paso que calentará más el debate político y que hace previsible que las presidenciales se desarrollen en un más elevado punto de pacificación nacional, como no se observaba hace décadas.

Precisamente en el lado de los grupos de centro y de izquierda, abanderados de las políticas pacifistas, está un compromiso que pareciera contrastar con algunas posiciones radicales de otros sectores, pero la mayoría de analistas coincide en que cuanto más se avance en la carrera presidencial, más se emitirán ideas a favor de que haya un gran acuerdo nacional en torno a la superación definitiva de los problemas que ha generado el conflicto interno.

En los últimos años ha tomado fuerza un amplio espectro de movimientos sociales y de expresiones políticas de grupos específicos que están exigiendo ser escuchados. La exclusión y el desconocimiento de la diversidad ya no caben en el manejo de lo público. Por esto, en cada una de las campañas se ha llamado a la unidad y tanto Duque como Petro, desde cierta lógica los más seguros a dar la batalla en la primera vuelta, están, por supuesto, tratando de ganar simpatizantes y adherentes mediante este tipo de estrategia.

Es cierto que los bloques liberales y conservadores seguirán mandando en el Legislativo durante los próximos cuatro años, aunque han llegado otros sectores políticos a este recinto de la democracia.

¿Qué dominará en el horizonte de esta institución que llegó a las pasadas elecciones con un alto nivel de cuestionamientos por parte de la ciudadanía? ¿Habrá un repliegue de las maquinarias o una apertura hacia la población para gestiones más transparentes y participativas? ¿Dominará el debate de altura ideológica sobre los espectáculos circenses que en algunas ocasiones han empañado el trabajo juicioso de la mayoría de senadores y representantes?

Son preguntas que están en la cabeza de la ciudadanía, que ha vuelto a confiar en una democracia a veces impredecible y vulnerable, pero que ha tenido la suficiente fortaleza para asumir con responsabilidad los retos impuestos por la historia.

Apesar de que se imprimieron 15 millones de tarjetones de la "Gran Consulta por Colombia", la ausencia de los mismos en algunos puestos de votación entorpeció la jornada. Al final la situación no pasó a mayores.
Por primera vez en la historia, los integrantes de la desmovilizada guerrilla de las Farc ejercieron su derecho al voto.
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