Colombia, el potencial es el mismo, si lo miramos diferente.

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COLOMBIA, EL POTENCIAL ES EL MISMO, SI LO MIRAMOS DIFERENTE

Karen Cure Representante a la Cámara Bolívar Cambio Radical

Desde hace años en Colombia solo miramos el desarrollo desde la extracción de nuestros recursos naturales: petróleo, gas, carbón, oro, níquel y cobre. Sin embargo, en una mirada un poco miope, hemos dejado de mirar lo que rodea esos recursos naturales: bosques, ríos, montañas, lagunas, páramos y selva. Observar el mismo potencial de los recursos naturales de otra manera es la
posibilidad de contribuir con el desarrollo responsable.

Ahora que me han elegido como vicepresidente de la Comisión Quinta, que trata asuntos medioambientales, agropecuarios, del mar y mineros, mi responsabilidad es hacer visible que nuestro potencial es el mismo si lo miramos diferente. Porque de nada nos servirá extraer los recursos, si nos quedamos con los huecos de la extracción, la pobreza y la violencia.

En cada pozo petrolero, en cada mina de oro, en cada socavón de carbón, hay un recurso más valioso que los minerales: el paisaje con su gente. Los ecosistemas y las comunidades que habitan esos lugares ricos en minerales, terminan siendo más ricos en ambientes increíbles y comunidades sanas que cualquier otro lugar del mundo.

No digo que no explotemos nuestros recursos naturales; digo que promovamos el
potencial de su gente y la belleza de nuestros paisajes.

Costa Rica tiene mucho, pero mucho
menos que nuestro territorio; sin embargo, es el país del ecoturismo. ¿Se imaginan si Colombia fuera así? Yo propondría como primer departamento ecoturístico a Bolívar. Visitantes que van por el río desde Magangué hasta Barranco de Loba contemplando la increíble ciénaga y el imponente paisaje hasta llegar a la serranía
de San Lucas. Potenciaríamos las visitas a
los corales del rosario, con recorridos que
nos llevarían desde Barú hasta Isla Fuerte, frente a Tolú. Todo el canal del Dique sería una remembranza de los amores en
tiempos del cólera.

 

“Es hora de activar los
mecanismos que permitan
detectar de manera temprana
y oportuna a las familias o
las madres que están en alto
riesgo de abandono, es decir,
aquellas que están pasando por
momentos difíciles de su vida”

Yo me imagino un Bolívar así, de otra manera no. Sobre todo, porque sería la mejor herencia que les podría dejar a Juan y Luciana, un territorio que aprecia la riqueza natural, evita la violencia y reconoce el valor de su gente.


Si solo eso bastara para que nuestros niños de Bolívar no se enfrentaran a la terrible explotación del turismo sexual cartagenero, o de la cruenta realidad laboral de las minas, o del hambre y la sed del desplazamiento, valdría totalmente la pena el haber llegado hasta el Congreso.

El desarrollo basado en la contemplación y aminoración de los recursos naturales en su estado natural no solo es cuestión de economía, es cuestión de humanidad. Yo lo veo desde la protección de nuestros niños y familias; algunos lo ven desde los rendimientos financieros. Si todos lo viéramos como la oportunidad de heredarles un mejor país a nuestros niños, ese potencial natural sería visto de manera diferente.

 

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