El conflicto armado interno en Colombia sí existe

Columnistas

La firma del acuerdo de paz en 2016 fue un paso importante para terminar las acciones armadas con una organización que por más de 50 años estuvo al margen de la ley. Sin embargo, Colombia tiene varios grupos altamente organizados como el ELN, EPL, las AGC, la Oficina de Envigado y las disidencias de las FARC, que no se han desmovilizado y con los que una victoria militar se ve imposible en un futuro próximo.

El conflicto armado sigue, con un actor menos, pero sigue, solo hay que preguntarles a las 38.490 personas desplazadas este año, si alguna vez creen que el país está o estará en paz; es a ellos a los que se les debe preguntar cómo está la situación actualmente. Para entender sus orígenes es importante mirar el contexto en que se ha desarrollado.

Empecemos por lo básico, los conflictos armados en el mundo son clasificados de acuerdo a la convención de Ginebra de dos maneras; la primera, como conflicto armado internacional es cuando dos o más estados soberanos entran en disputa y recurren a la fuerza armada; la segunda, un conflicto armado interno o no internacional  “comprendería las acciones armadas en el interior de un Estado que dan lugar a hostilidades dirigidas contra un gobierno legal, que presentan un carácter colectivo y un mínimo de organización”. 



“El conflicto armado es altamente territorializado, lo cual quiere decir que los que lo padecen en toda su intensidad son las comunidades en los albores de la nación”


Es así como, en Colombia se llevan a cabo acciones armadas dirigidas contra un gobierno legal, como las que ocurren en la subregión del Catatumbo, el bajo Cauca, el pacífico nariñense y el departamento de Arauca, que dan muestras de actos dirigidos a instaurar un estado paralelo de control social y político, en contra del estado nacional constitucional.

Las diferentes formas de control social consisten en la manera como el grupo armado controla el comercio, los medios de transporte e imparte reglas para el orden social y son a las que la comunidad acude en caso de disputas para que impartan justicia. Estas tecnologías de control social las podemos ver en diferentes lugares como El Tarra, Norte de Santander, EL Charco, Nariño, Rio Sucio, Chocó en donde existe un alto nivel de conflictividad entre organizaciones armadas legales e ilegales.

El conflicto armado es altamente territorializado, lo cual quiere decir que los que lo padecen en toda su intensidad son las comunidades en los albores de la nación: los indígenas, las comunidades negras, los campesinos, que después de la desmovilización de la guerrilla de las FARC quedaron a merced de los nuevos grupos armados ya que el Estado en su totalidad no quiso hacer presencia social o militar.

Últimamente la noción de conflicto armado interno ha pasado de moda, los problemas de seguridad son reducidos a exabruptos en pequeñas localidades lejanas del centro andino y político del país, lo cual genera un distanciamiento y una apatía nacional que aparta, enajena a las víctimas y las convierte en extrañas en su propio país.

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