Columnistas Opinión

El fetiche del precio de la gasolina

Por: César Augusto Ortiz Zorro

Representante a la Cámara por Casanare Alianza Verde

El fetichismo es una forma de creencia de que ciertos objetos poseen poderes mágicos y esto parece acontecer con el precio de la gasolina en Colombia, pues el Ministerio de Minas le da unos poderes mágicos al mismo para fijar el valor del combustible, muy por encima del costo real de la producción de un galón de gasolina en la refinería de Barrancabermeja o de Cartagena, afectando el bienestar de los colombianos, la canasta familiar y la competitividad productiva.

Atar o vincular el precio de la gasolina corriente y el ACPM producida en el país al valor de los combustibles de las refinerías de la costa del Golfo de México, en Estados Unidos, le está significando un descomunal incremento en Colombia donde no se soportará o aguantará más. 

Lamentablemente el Gobierno Nacional pretende en este año, hacer las alzas más altas al precio de la gasolina y el ACPM, con el argumento de rebajar el subsidio que aparentemente le está otorgando a todos los colombianos y así reducir el astronómico déficit del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) que supera los 14 billones de pesos, es decir el valor de dos reformas tributarias o de financiamiento que se aprobó en diciembre pasado

Mi propuesta, que pongo a consideración del país, es la de reconocer un valor diferencial para el ingreso al productor, que resulte de la diferencia entre el precio internacional y el costo real de producción del barril de crudo puesto en la refinería, que conllevará a mejorar la competitividad del sector transporte y productivo en general, muy especialmente, para el bienestar de todos los colombianos.

Considero que llegó el momento para revaluar la fórmula que determina el precio de los combustibles y, para ello, propongo que solamente se altere una de las tantas variables que la componen, consistente en el valor al ingreso del productor, por ser esta la que más impacto negativo genera al bienestar de los ciudadanos y a la competitividad de los sectores productivos, por lo que implica el transporte en sus costos. 

El suministro de gasolina y ACPM es un servicio público de vital importancia económica y social en Colombia, que no puede estar sometido o subordinado al interés particular del productor y del refinador, sea quien fuere, como actualmente está sucediendo con la referida fórmula, al no reconocerle a ellos el valor real de los costos de producción y sus utilidades, sino por el contrario, un precio mágico, descomunal o excesivamente alto, como es el precio internacional del crudo y combustibles. 

Mi propuesta, que pongo a consideración del país, es la de reconocer un valor diferencial para el ingreso al productor, que resulte de la diferencia entre el precio internacional y el costo real de producción del barril de crudo puesto en la refinería, que conllevará a mejorar la competitividad del sector transporte y productivo en general, muy especialmente, para el bien – estar de todos los colombianos.

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