El hombre nace libre, la mujer también

Columnistas Opinión

Luz Marina Gordillo Salinas. 
Concejala de Bogotá

Haces décadas cientos de valientes mujeres decidieron luchar con coraje por un mundo mejor para nosotras; hoy debemos reconocer que ese esfuerzo viene dando frutos y que ese sacrificio no ha sido en vano.

Nos corresponde a nosotras tomar esa bandera y consolidar la libertad de ser nosotras mismas. Tradicionalmente éramos vistas como madres y esposas únicamente, pero hoy hemos logrado ocupar espacios importantes en la vida laboral, política y económica en nuestro país.

No obstante, el desafío aún es enorme. Las cifras de violencia contra la mujer no ceden. La tasa de desempleo es más alta en la mujer que en el hombre. La posibilidad de lograr una pensión es inferior en la mujer. La dependencia económica aún persiste. La mayor parte de personas con algún tipo de discapacidad están a cargo de cuidadoras, quienes deben dedicarse a esta labor de tiempo completo, pero sin remuneración. La mayor parte de las personas mayores son mujeres y están desprovistas de los derechos mínimos para garantizarles una vida digna.

En días pasados, el Ministerio de Justicia y del Derecho publicó el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias psicoactivas en población escolar en Colombia 2016, y en el caso de las adolescentes y jóvenes mujeres, las cifras son desalentadoras.


 “Nos corresponde a nosotras tomar esa bandera y consolidar la libertad de ser nosotras mismas”.


Tradicionalmente, el consumo de alcohol era más alto en los hombres. Lastimosamente, hoy en los colegios las adolescentes y jóvenes presentan mayor consumo que los hombres. Incluso, el consumo de alcohol en los hombres viene presentando una disminución mayor frente al consumo en las mujeres.

Algo similar ocurre con el consumo de sustancias psicoactivas ilícitas como la marihuana y cocaína, basuco e inhalables como pegantes, solventes y/o pinturas. Si bien, el consumo aumenta tanto en hombres como mujeres, este aumento es más considerable en las mujeres. Esta situación nos obliga, como lo recomiendan en este estudio, a brindar programas de prevención del consumo con un enfoque diferencial de género. Este debe ser un compromiso de quienes tenemos la oportunidad de ejercer funciones públicas y una deuda que tenemos con esas miles de mujeres que depositaron su voto de confianza en nosotras.

El año pasado el diario The Economist realizó un ranking de los países donde las mujeres tienen las mejores oportunidades de vida; Islandia ocupó el primer lugar, seguido por otros países nórdicos como Noruega, Suecia y Finlandia.

Eso es fruto del trabajo de las mujeres en esos países, quienes hace unos años decidieron unir fuerzas para exigir una igualdad real y efectiva, a tal punto que hoy cuentan con un mejor nivel de educación superior, mejores condiciones laborales, un alto número de mujeres en altos cargos públicos, en 1980 eligieron a su primer presidenta, se creó un partido político exclusivamente femenino e incluso en algunos colegios se creó una asignatura donde el respeto por la mujer debe estudiarse de manera obligatoria.

Ese es el camino que debemos tomar y esa es mi invitación. Si las mujeres no trabajamos por nosotras mismas, nadie lo va hacer, pero eso requiere unidad, decisión y compromiso sin distinciones políticas, ideológicas o económicas. Estos países nórdicos también se destacan por sus excelentes sistemas educativos. Esa es la clave del éxito, educar a nuestras niñas y nuestros niños en el respeto por los demás, en el respeto por quien piensa diferente.

“El hombre nace libre, la mujer también”. Titulé así este artículo evocando la frase de Jean-Jacques Rousseau en su obra El Contrato Social, porque eso es lo que necesitamos, hacer un nuevo contrato social donde el respeto por los derechos de la mujer sea un propósito común de hombres y mujeres.

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