El vaivén de la Alcaldia de Cartagena

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El famoso corralito de piedra, encantador para turistas y empresarios, con un gran potencial en el sector hotelero y gastronómico, ha ganado imagen internacional en los últimos años, lo que le ha valido un crecimiento exponencial en el mercado turístico mundial. Pero este desarrollo está lejos de tener un impacto social en la ciudad, donde las zonas marginadas siguen sin reducir sus índices de pobreza y la inestabilidad política mantiene en la incertidumbre a su población, que ya no cree en sus dirigentes.

A la orilla del mar Caribe, en un rincón del norte de Colombia, está ubicada Cartagena de Indias, la ciudad de los atardeceres encantadores y de calles que cuentan por sí solas su historia. Su arquitectura colonial, las paradisíacas islas que la rodean y las playas con las que cuenta, le han significado un reconocimiento internacional como destino turístico por excelencia en el país. Pero más allá de la grandeza de sus murallas, vive un pueblo marcado por la diferencia social, la pobreza, la corrupción y el vaivén de sus gobernantes.

Al pisar la otra Cartagena, fuera del sector turístico de Bocagrande o de las empinadas edificaciones blancas que la embellecen, se evidencia la crisis de una población que aprendió a vivir sin respuesta a sus necesidades básicas.

Decir que Cartagena está en un limbo político sería poco para describir la incertidumbre de una ciudad que batió récord al recibir a diez mandatarios en los últimos seis años de gobierno. Pese a que la corrupción y la desigualdad de clases han sido un tema de nunca acabar, la administración local tuvo su época más crítica con la alcaldía de Campo Elías Terán. El exmandatario era considerado como el alcalde del pueblo, un sentimiento popular que se vio reflejado en los resultados de las elecciones del 2011, donde alcanzó la votación más alta en la historia de la ciudad.

Pero la esperanza se desvaneció luego de que a Terán lo diagnosticaran con cáncer de pulmón, a lo que se sumaron las denuncias que lo vinculaban con posibles irregularidades relacionadas con el presunto favorecimiento a familias de linaje político de los departamentos de Sucre y Bolívar.

Desde entonces, el puesto ha sido ocupado por varios alcaldes que han durado poco en sus cargos. Algunos de ellos, funcionarios que trabajaron junto a Terán en su administración y otros elegidos por el presidente Juan Manuel Santos de manera transitoria. Con este panorama poco alentador para la comunidad cartagenera, se celebraron elecciones en 2013, que se caracterizaron por un abstencionismo del 70% y tuvieron como ganador a Dionisio Vélez.

Para el siguiente periodo, las cartas estaban echadas y, como en las demás ciudades del país, en octubre de 2015 se realizó una nueva jornada electoral. En esta oportunidad, el periodista Manolo Duque alcanzó los votos necesarios para asumir la desafiante labor que demandaba atender una ciudad agobiada por sus problemas. La dicha duró hasta mayo del 2017, cuando la Procuraduría ordenó la suspensión de Duque por irregularidades en algunas construcciones del llamado corralito de piedra.

Tras de lo cual, el ir y venir de alcaldes reapareció de nuevo y con ello la inestabilidad en la ejecución de los programas sociales que clamaba la comunidad. El panorama se tornó aún más pesimista a pesar de las soluciones que propuso entonces la Presidencia de la Republica como salida a la crisis institucional. En las ultimas elecciones atípicas, Quinto Guerra alcanzó el umbral, con el sinsabor de una abstención de casi el 80%, que lo pusieron en aprietos para garantizar gobernabilidad.

Pero Guerra pasó a ser conocido como el burgomaestre con menos tiempo en el cargo, ya que, pocos días después de su posesión, el procurador encargado pidió su suspensión por la firma de contratos con el Ministerio de Vivienda para trabajos en la ciudad, lo que consideró inhabilidades para que pudiera ejercer como alcalde. Los abogados del mandatario pidieron al Tribunal Administrativo de Bolívar claridad sobre la medida cautelar que tomó de apartarlo provisionalmente de sus funciones, mientras se decide de fondo la demanda que iría al Consejo de Estado.

Ahora, la ciudad vuelve a recorrer un camino trajinado, la designación de un mandatario encargado por parte del presidente Juan Manuel Santos. En esta ocasión, Yolanda Wong fue la escogida para ocupar el cargo, mientras Guerra trabaja en la defensa de su elección. La situación genera de nuevo incertidumbre en la población por tener a otro alcalde de manera provisional. En el aire queda la pregunta de ¿cuánto demorará este nuevo ciclo inestable de la política en el puerto caribeño, sumido en un mar de contradicciones?

Mientras su imagen se posiciona en el mundo como uno de los destinos más apetecidos del turismo extranjero, la ciudad sigue a la espera del desarrollo de programas claves para su crecimiento social y urbanístico. Frente a este vacío legal por el que atraviesa La Heroica, las construcciones ilegales encontraron el hábitat perfecto. En poco tiempo, Cartagena fue noticia como consecuencia de la suspensión del proyecto habitacional Aquarela y las licencias falsas entregadas a la familia Quiroz para construir en todo el perímetro urbano. Un ejemplo de ello es la conocida edificación Portales de Blas de Lezo II, que se derrumbó en abril del año pasado, con saldo de 21 obreros muertos.

Dentro de las tareas pendientes, figuran el traslado de la Base Naval de Bocagrande, la ejecución de programas de protección costera y la puesta en marcha de la primera etapa del plan de drenaje pluvial, que suman más de 400 mil millones de pesos.

Si bien es cierto que esta situación afecta a toda la comunidad, aquellos que viven en las zonas marginales son quienes sufren las peores consecuencias de la inestabilidad política. El panorama social de La Heroica no muestra posibles mejoras futuras, pues, según datos del DANE, hay más de 50 mil cartageneros viviendo en condiciones de extrema pobreza. Así quedó plasmado en el documental Cartagena pa’ entro, donde se expuso la realidad de una familia compuesta por cinco integrantes, quienes viven en una casa construida con plástico, tablas, tejas de zinc y algunas paredes de concreto. En el film, el jefe del hogar muestra siete plátanos verdes y un huevo. Estos dos ingredientes servirían de desayuno, almuerzo y cena para todos.

Según cifras del organismo estatal, la capital de Bolívar ocupa el segundo lugar en pobreza monetaria en todo el país, después de Quibdó, y según una encuesta de percepción ciudadana de Cartagena Cómo Vamos (CCV), el 25% de los consultados admitió alimentarse con menos de tres comidas diarias. Las desalentadoras estadísticas deben llevar no solo al Gobierno Nacional y local, sino a todos los sectores de la histórica ciudad, a priorizar los estratos más bajos en el programa social. Para la nueva mandataria, mejorar el entorno de esta población se vuelve uno de los principales focos.

Una encuesta realizada por Cartagena Cómo Vamos asegura que muchos habitantes de alimentan con menos de tres comidas diarias.
Según cifras del DANE, Cartagena tiene más de 50 mil personas viviendo en condiciones de pobreza extrema.
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