¿Hacia dónde se dirige Washington frente a America Latina?

En no más de 60 días el panorama regional de América Latina y la posición norteamericana frente a la misma ha cambiado de manera sustancial. Donald J. Trump pasó, en un breve periodo de tiempo, de mostrar un desinterés por su vecino del sur, a instaurar una política exterior hacia la región de castigos y amenazas. Con una sensación cada vez más generalizada de que la injerencia del “Tío Sam” en estructurales decisiones para Colombia es cada vez más fuerte, la liberación de Leopoldo López a manos de militares desertores el pasado 30 de abril, le devolvió el impulso a un movimiento que los venezolanos comenzaron a llamar, “el fin de la usurpación” por parte del Gobierno de Nicolás Maduro. Con manifestaciones que concluyeron con un saldo de cinco muertos y 239 heridos a nivel nacional, la pregunta se mantiene: ¿Qué pasará con Venezuela?

En febrero, cuando Iván Duque hizo su primera visita oficial a Washington y se reunió con su homólogo norteamericano, Donald J. Trump, unas relaciones fortalecidas se hicieron evidentes entre los dos países. Frente a la situación venezolana no solo se consolidó una estratégica relación en la que el gobierno Trump ayudó a materializar una ayuda adicional de 27 millones de dólares para controlar la ola de migrantes, sino que Colombia quedó con una plataforma muy bien armada para consolidarse como líder regional de primer nivel. 

Aquella primera reunión del mandatario colombiano en la Casa Blanca dejó compromisos concretos para fortalecer la agenda bilateral y por supuesto se trazaron metas frente a la lucha antinarcóticos, para la cual Washington anunció un paquete de asistencia por más de 400 millones de dólares para erradicar los cultivos ilícitos. Y con relación a la lucha contra las drogas, Trump dejó claro que esperaba resultados rápidos, pues era intolerable la expansión que estaban presentando las plantaciones de coca en varias regiones de Colombia. 

 

En febrero, el Presidente de Colombia, Iván Duque, sostuvo su primera reunión con el mandatario norteamericano, Donald Trump. En aquel entonces, ambos países encontraron sincronía en la forma en la que se debía manejar el tema venezolano y se trazaron metas frente a la guerra contra las drogas.

En efecto, “resultados rápidos” para Washington resultaron siendo más resultados inmediatos y, a razón de ello, dos críticas fueron efectuadas desde el Ejecutivo norteamericano a Colombia en menos de dos meses. La primera de ellas tuvo lugar el viernes 29 de marzo, cuando Donald Trump señaló que el nuevo presidente Iván Duque, “nos dijo cómo iba a detener las drogas, pero más drogas están saliendo de Colombia ahora. Más que antes de que él fuera presidente. Él no ha hecho nada por nosotros”, aseguró entonces el mandatario desde la Florida. 

La segunda de ellas, la hizo el pasado 10 de abril desde San Antonio, Texas, en una rueda de prensa sobre inmigración ilegal. “Esos países los están enviando (a los inmigrantes ilegales). No tengo dudas de que Honduras, Guatemala, El Salvador y Colombia los están enviando porque no los quieren en sus países. Los están enviando a Estados Unidos porque creen que nosotros somos estúpidos y los vamos a aceptar. Y Colombia tiene a su nuevo presidente, pero desafortunadamente el negocio de las drogas ha aumentado en un 50% desde que está en el poder”, subrayó Trump. Aunque la respuesta de Duque fue acertada al decir que, “a Colombia nadie le tiene que dictar lo que debe hacer, porque Colombia es un país que sabe cooperar internacionalmente”, un malestar generalizado frente a la actitud norteamericana se ha sentido en la opinión pública. Adicionalmente, el rol cada vez más preponderante de Kevin Whitaker, el embajador de Estados Unidos en Colombia, ha sugerido que la injerencia de Estados Unidos en el país se va a intensificar y frente a temas clave de la agenda doméstica colombiana. 

Washington, con Colombia en la mira

Con ambas declaraciones, el mandatario estadounidense no solo acusó a Colombia de no hacer nada frente a un incremento de cultivos ilícitos que se viene registrando desde hace cuatro años, sino de enviar a “sus peores criminales” al país del norte y, lo que es aún peor, de manera intencional. Esta combinación de ataques, con una separación de tiempos tan corta, ha dejado en evidencia que ahora Colombia hace parte del nuevo grupo de países que Donald Trump tiene en la mira para seguir fortaleciendo un discurso nacionalista que le ha funcionado bastante bien con su partido y con su electorado. 

“Esta es una política de castigos y amenazas, y falta una agenda positiva que refleje un compromiso con la región y los intereses de EE.UU.”, señaló Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un centro de análisis regional con sede en Washington. 

Ahora, si bien es cierto que Donald Trump ha comenzado a instaurar una política de castigos y amenazas, no viene de más preguntarse si este es un discurso no matizado de una persona difícil de controlar y que claramente no escucha a sus asesores, o si por el contrario es el reflejo de una nueva política de estado norteamericana hacia América Latina. Porque, aunque la construcción del muro con México, las severas sanciones hacia Venezuela y el desprestigio de varios países centroamericanos y de Colombia en particular, han sido desatinadas declaraciones de Trump, el discurso calculado y conciliador del secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, en su última visita a Colombia, mandó otro mensaje a la región y con otro tono. Este paralelismo de retóricas pone un signo de interrogación en el rumbo que está tomando Estados Unidos frente a sus vecinos del sur. 

Pompeo reconoció desde Cúcuta que el aumento de la producción de cocaína en el país había sido un problema “heredado” de la administración de Juan Manuel Santos, y en un tono infinitamente más conciliador y diplomático, anunció el compromiso de Estados Unidos a “hacer su parte” en la lucha contra el narcotráfico, con lo que admitió que el problema de las drogas no es exclusivamente de Colombia. “Estados Unidos seguirá trabajando con usted para acabar con el problema de la producción de coca que usted heredó, sabemos qué debemos hacer y Estados Unidos hará su parte para reducir la demanda de drogas ilegales”, señaló Pompeo, quien tras rectificar que la relación entre ambos países “va mucho más allá” de la lucha contra el narcotráfico, felicitó al mandatario colombiano por el compromiso que ha tenido frente a Venezuela. 

Venezuela, el centro de la discusión regional

Paralelamente con la relación Colombia-Estados Unidos, la crisis venezolana es una presencia dominante para la toma de decisiones de la región que, al finalizar el mes, adquirió un nuevo impulso. Sin lugar a dudas, antes del 30 de abril no era tan claro qué tanto poder de convocatoria le quedaba a Juan Guaidó, la imagen más visible, al menos internacionalmente hablando, de la oposición venezolana. No obstante, la liberación en horas de la madrugada de Leopoldo López a manos de militares desertores el pasado 30 de abril, sumada a la movilización masiva que Guaidó había convocado para el 1 de mayo, reavivó los símbolos de la resistencia al gobierno de Nicolás Maduro. 

Ante la nueva jornada de protestas entre opositores y oficialistas, unas concentradas en el Palacio de Miraflores y otras en la Plaza Francia, declaraciones de lado y lado no se hicieron esperar. Tanto el Presidente Trump como su secretario de Estado, Mike Pompeo, ratificaron el respaldo de su país a la causa venezolana. “Hoy el Presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, anunció el comienzo de la Operación Libertad. El gobierno de Estados Unidos apoya plenamente al pueblo venezolano en su búsqueda por la libertad y la democracia. Esta última no puede ser derrotada”. Horas más tarde, Pompeo sostuvo públicamente a CNN que Estados Unidos tenía información de que el Presidente Maduro se estaba preparando para salir del país hacia Cuba, pero que los rusos se lo impidieron. 

Por su parte, el mandatario colombiano volvió a hacer un llamado a los militares y al pueblo de Venezuela, “a que se ubiquen del lado correcto de la historia, rechazando la dictadura y la usurpación de Maduro; uniéndose en búsqueda de libertad, democracia y reconstrucción institucional, en cabeza de la Asamblea y de su Presidente, Juan Guaidó”. También se manifestaron a favor de la oposición venezolana, los presidentes de Brasil y Argentina, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y por supuesto el Gobierno chileno, que le dio refugio a López y a su familia en horas de la tarde del día de su liberación. Posteriormente sería acogido en la Embajada de España, en Caracas, dos días más tarde. 

Diosdado Cabello y el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, hicieron declaraciones públicas en las que señalaron que esto no era nada menos que un golpe de Estado y que vencerían. “¡Nervios de Acero! He conversado con los Comandantes de todas las REDI -Regiones Estratégicas de Desarrollo Integral- y ZODI –Zonas de Defensa Integral- del País, quienes me han manifestado su total lealtad al pueblo, a la Constitución y a la patria. Llamo a la máxima movilización popular para asegurar la victoria de la paz”. A ello se sumaron las afirmaciones del Gobierno de Turquía, cuyo mandatario, Recep Tayyip Erdoğan, condenó el intento de golpe de Estado. También los mandatarios de Cuba, Bolivia y Rusia, le manifestaron su apoyo al Gobierno de Maduro. 

Por último, y frente a la bomba de tiempo en la que se ha convertido Venezuela, es importante recordar que Kevin McCarthy, líder de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, señaló desde Cartagena que, Colombia es el país que “más ha aceptado el ingreso (de migrantes), casi más que cualquier otro, en un período de tiempo muy corto, y Estados Unidos quiere asegurarse de hacer su parte: por ello hemos ofrecido más de 200 millones de dólares y es por eso que hemos querido venir aquí”. 

Tras la visita de la delegación al país dos cosas quedaron claras: por una parte, hay una sintonía entre Estados Unidos y Colombia frente al hecho de que el hemisferio en su totalidad debe enfrentar la dictadura de Nicolás Maduro y esta debe llegar a su fin. Y por la otra, aunque las declaraciones de Donald Trump dicen mucho sobre el rumbo de la política exterior norteamericana frente a América Latina, que su staff y que miembros del legislativo de su país emitan opiniones más diplomáticas frente a la región, y particularmente frente a Colombia, ponen de manifiesto que el tema colombiano simplemente podría ser la base de su próxima plataforma presidencial: el nuevo muro para la contienda presidencial 2020.

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