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Por, Andrés Felipe Casadiegos
Abogado y líder político

Twitter: @pipecasadiegos

La juventud puede cambiar el rumbo de un país. Es la hora de un nuevo comienzo, en donde cada joven colombiano tenga la oportunidad de hacer valer su derecho a la libre opinión y expresión.

La Constitución Política de 1991 fue clara en su artículo primero al establecer que Colombia es un Estado social de Derecho, Democrático, Participativo y Pluralista;  por lo tanto, se puede inferir que en Colombia se debe respetar la libertad de expresión y opinión, pero llama la atención que cada día acrece el número de ciudadanos que por las redes sociales maltratan, agreden y ridiculizan a los jóvenes que cuentan con pensamientos filosóficos, políticos y económicos bien definidos. Como son jóvenes, los tildan de locos, desadaptados, ignorantes, mamertos o que simplemente viven la euforia de una moda: las elecciones presidenciales de la presente anualidad.

Sin embargo, pese a toda la propaganda negra en contra de los jóvenes, es satisfactorio analizar los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en las que se reflejó que la juventud se volcó a la calles desde muy temprano para hacer uso del Derecho Universal al Sufragio.


Es necesario que cada día sean más los jóvenes que se involucren en el contexto político, económico, social y cultural de nuestro país.


Sin importar el color, partido y candidato por el cual cada joven colombiano depositó su voto, es de resaltar que la juventud se sintió, lo cual permite traer a colación la frase célebre de Jaime Garzón: “Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvárselos”, y tenía mucha razón el ilustre Jaime, pues tenían que transcurrir casi 19 años después de su asesinato para que la juventud comprendiera que este país sí tiene salvación y la única forma de acabar con el tradicionalismo político, los clanes familiares, la mermelada  y la corrupción, es aprendiendo a votar.

Por primera vez desde 1999, no se registraba una participación alta de votantes como ocurrió en las elecciones presidenciales de primera vuelta, el pasado 27 de mayo. Quizás este suceso histórico sea debido al proceso de paz, el cual pudo haber generado un ambiente de tranquilidad en poblaciones afectadas por la violencia, es un factor que no se puede desconocer, pero de igual forma se hace necesario hacer hincapié en la importancia del masivo grupo juvenil que asumió participación activa en las elecciones, es gratificante observar tan comprometidos a los jóvenes, es muestra de sentido de pertenencia, de querer un mejor país y de luchar hasta los últimos días por una nación, por un Estado Social de Derecho, lejos de la mala praxis de hacer política.

Por eso, es necesario que cada día sean más los jóvenes que se involucren en el contexto político, económico, social y cultural de nuestro país, que no se dejen amedrantar por aquellos que se llaman “Los cultos” y que, por ende, se sienten con la autoridad moral de llamar “mamertos e inútiles” a una generación de jóvenes que no traga entero, una juventud que despertó y sabe que su voto sí cuenta. No se pueden hacer vuelos rastreros, se debe volar alto para afrontar los liderazgos de una nación que  necesita una oxigenación política, y aunque siempre el inicio de todo proceso es difícil, se debe tener en cuenta que no es imposible conseguirlo; aunque existan amenazas de por medio, hay que seguir luchando por conseguir un país equitativo.

Este próximo domingo 17 de Junio, la juventud debe participar masivamente en las urnas, es un día de gran importancia para la democracia colombiana. Salgan a ejercer su derecho al voto y, aquellos jóvenes que no votaron en la primera vuelta, espero que este artículo sirva un poco para reflexionar y se motiven a ejercer el Derecho Universal al Sufragio, hagan parte de la trasformación de Colombia.

Es la hora de asumir liderazgos, es el momento de la juventud, no se dejen silenciar, háganse sentir y luchen por sus ideales, pero siempre bajo los preceptos del respeto a las demás opiniones, porque se debe aprender a debatir con respeto, tolerancia y, sobre todo, con argumentos sólidos. Aquellos que discuten sin argumentos son como los columpios, que van y vienen sin llegar a ningún lado.

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