Necesitamos que se ajusten los impuestos saludables en Colombia

Columnistas Opinión

Por: Juan Luis Castro Córdoba

Senador Alianza Verde

Los impuestos saludables están centrados en lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) para desincentivar el consumo de bebidas azucaradas y del tabaco en exceso. Es decir, son dos proyectos de ley que buscan ajustar los impuestos para desestimular su consumo, apostando por estrategias de salud pública. 

Lo que pretendo como senador de la República es relajar la carga sobre el sistema de salud, por enfermedades totalmente prevenibles, que en muchos de los casos están asociados por el consumo de bebidas azucaradas o consumo excesivo de tabaco. El ajuste del impuesto al consumo de bebidas endulzadas se destinará a la implementación de medidas de política pública creadas para combatir la obesidad y la diabetes y demás enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) en el territorio nacional.

Esta es una lucha que llevé al Congreso de la República en diferentes ocasiones. Por ejemplo, en la Ley de Financiamiento, le propuse al ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, incluir los impuestos saludables, pues los recursos que se obtuvieran al implementar esta medida giraban alrededor de 1,2 billones de pesos que tendrían una destinación específica, el sector de la salud. 

Sin embargo, mi lucha no terminó ahí y este año, para el Plan Nacional de Desarrollo, propuse incluir ocho proposiciones relacionadas con los impuestos saludables y destinación específica para desincentivar el consumo y disminuir las enfermedades a causa de estos productos, proposiciones que hasta el día de hoy no han sido escuchadas; pareciera que al Gobierno Nacional le importa más la industria que la salud de los colombianos. 

“En Latinoamérica: Chile,
Ecuador y México pusieron en
marcha estas medidas y seguiré insistiendo para que Colombia sea ejemplo y sean implementados estos impuestos que
tanto bien le harían al país”.

Opino que desestimular el consumo es muy importante, pues las cifras de obesidad y sobrepeso en Colombia son alarmantes y tenemos que prevenir esta enfermedad. Según el estudio de la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (Ensin), en 2015 se determinó que uno de cada tres adultos presentaban sobrepeso, mientras uno de cada cinco era obeso, cifras que correspondían al 37,7% y 18,7%, respectivamente. 

En términos de los impuestos a las bebidas azucaradas, además de combatir la obesidad y el sobrepeso, lo que pretendemos con este proyecto de ley, es disminuir la tasa de mortalidad y prevenir la diabetes, la hipertensión y las enfermedades vasculares, que están directamente relacionadas con el consumo de estas bebidas y en algunos casos con el consumo de tabaco y sus derivados. 

Para finalizar, quiero recordar el apoyo que recibimos a lo largo de esta lucha por parte de Blanca Llorente y Norman Maldonado de la Fundación Anaás y Educar Consumidores, atendiendo la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, de la Organización Panamericana de la Salud, del Banco Mundial, entre otros organismos internacionales. En Latinoamérica: Chile, Ecuador y México pusieron en marcha estas medidas y seguiré insistiendo para que Colombia sea ejemplo y sean implementados estos impuestos que tanto bien le harían al país.

La otra opción es la que se propone aquí. Primero. Que el gobierno nacional promueva un acuerdo con los gobiernos de los países productores para instar a las naciones consumidoras y a las trasnacionales a acordar el aumento de los precios del café y de otros bienes tropicales. Segundo. Que sin dejar exportar, la política agraria vire hacia la sustitución de importaciones, para reemplazar por producción nacional los bienes agrarios que se están comprando en el exterior. Así se le daría un gran respaldo a la generación de riqueza en el campo y se aumentarían el empleo y los ingresos por salarios, estimulando el desarrollo industrial y toda la economía nacional. Es decir, se promovería el círculo virtuoso que opera en los países desarrollados, donde el Estado sí respalda en serio la producción agropecuaria e industrial. 

Entre las medidas para sustituir importaciones es principal una inspirada en lo que ocurre en Estados Unidos: que parte de los subsidios a la pobreza –Familias en Acción, Colombia Mayor…– se pague con comida producida en Colombia y que también con esos productos se alimente a las Fuerzas Armadas y a los niños de los programas oficiales. La sustitución de importaciones también debe ser política industrial, en defensa, para empezar, de zapateros y confeccionistas, a quienes Duque les puso conejo, como ya se sabe. Asalariados, campesinos, indígenas, artesanos y empresarios deben unirse en el propósito de reemplazar producción extranjera por producción y trabajo nacionales.

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