Daniel Felipe Toro Rendón_
Opinión

El desolador panorama de las instituciones educativas colombianas públicas y privadas, es una clara muestra de lo poco y mal preparado que estaba el sistema educativo para afrontar cualquier emergencia que significara la cancelación de clases presenciales. Hoy, más que nunca, se ha notado la falta de preparación del Estado y de la mayoría de entidades e instituciones para atender a los más de 10 millones de estudiantes de educación básica y media y a los cerca de 2 millones 408 mil 041 alumnos matriculados, según el último reporte del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior.


En este contexto, a los niños, niñas y jóvenes del país no se les ha dado la suficiente trascendencia y hoy se han visto maniatados en sus casas ante la falta de herramientas para estudiar, la pedagogía obsoleta de profesores que no estaban preparados para dar el salto al ámbito digital, las precarias condiciones de conectividad en las zonas en las que habitan y el retraso en su proceso de crecimiento humano, cognitivo y procedimental.

Es lamentable que se deba camuflar la crisis y el abandono de nuestros estudiantes con eufemismos para disimular la gravedad del panorama.  Según cifras entregadas por el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, alrededor de 21.7 millones de colombianos tienen acceso a internet, mientras que cerca de 25 millones no cuentan con este servicio, siendo las zonas rurales y los estratos 1, 2 y 3 los más afectados. Si más de la mitad de los colombianos no tienen conectividad, ¿cómo están viendo clases virtuales los estudiantes?

El Gobierno Nacional y las administraciones departamentales y municipales, han orientado esfuerzos hacia la entrega de equipos tecnológicos en las regiones; sin embargo, esto no es suficiente para atender las necesidades educativas de los estudiantes. Los computadores, tabletas y celulares pueden ser importantes para la ejecución del proceso, no obstante, sin acceso a internet, se convierten en aparatos medio vacíos que no soluciona el problema.

En Colombia, la brecha digital existente es tan grande que, de acuerdo con información proporcionada por el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) a Revista Semana, el 96 % de los municipios del país no podrían realizar clases virtuales de manera adecuada. Continuar enmendando por partes los baches de un sistema que condiciona la posibilidad de estudiar a una posición geográfica o socioeconómica es y seguirá siendo un despropósito.

Por su parte, mucho se habla de la crisis que viven las Instituciones de Educación Superior, particularmente las privadas, las cuales subsisten en gran proporción de los ingresos por concepto de matrículas; sin embargo, nadie ha vislumbrado la agobiante situación que aqueja a aquellas personas que sobreviven de manera indirecta de este sector. El cambio de paradigma de lo presencial a lo virtual disminuirá considerablemente el ingreso de aquellos colombianos que viven de los recursos obtenidos por arriendos de estudiantes foráneos, venta de comidas rápidas afuera de las universidades, tutorías, comercialización de elementos de estudio, monitorías, entre otros. La situación de las instituciones es solo un eslabón de la inexorable y exponencial crisis que se avecina.

Es momento de hacer un análisis profundo sobre los altos costos de las matrículas y pensiones en los colegios privados e instituciones de educación superior. El modelo utilizado actualmente genera un acceso limitado a educación de “alta calidad” y está supeditado a las condiciones socioeconómicas de los estudiantes y sus familias, quienes en su mayoría ven truncadas sus aspiraciones de crecimiento profesional por cuenta de los costos desorbitados de los colegios y universidades, incluso si son públicas, y de los intereses de ICETEX imposibles de asumir. Esta forma de determinar los incrementos en matrículas y pensiones ha transformado la educación en una competencia en la que usualmente gana quien más recibe y pierde quien no tiene para pagar.

 

Daniel Felipe Toro Rendón

Comunicador Social y Periodista – Universidad de Manizales

Especialista en Marketing Político y Estrategias de Campaña – Universidad Externado de Colombia

Magíster en Comunicación Política – Universidad Externado de Colombia.

 

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