Columnistas Opinión

Andrés Polanía Sánchez
Comunicador Social
Aspirante al grado de especialista en Alta Gerencia

 

¿Se desdibuja la función principal de editores y periodistas cuando hacen eco a una simple expresión coloquial y la vuelven tendencia que genera reacciones en las redes sociales? ¡Parece que sí!

El pasado 9 de octubre, mientras en la sesión del Congreso se debatía el Presupuesto General para la vigencia 2019, hubo un momento en el que el presidente de la corporación, Ernesto Macías Tovar, concedió la palabra a un estudiante que estaba inscrito: Alejandro Palacio, y este, a su vez, sin informar, compartió el espacio con Jennifer Pedraza, quien tuvo tiempo de dar su punto de vista a la plenaria; no obstante, y como coincidencia, cuando empezaba las arengas a favor de la movilización estudiantil convocada para el 10 de octubre, se cerró el micrófono. El tiempo se había cumplido y el dispositivo enmudeció, como pasó con la gran mayoría de los senadores predecesores en la palabra.


“Estamos fallando al informar la verdadera situación de lo que pasó en el Congreso”

 


 

Sin embargo, a petición del senador Juan Felipe Lemus, el presidente Macías le concedió a la estudiante Pedraza 30 segundos más de tiempo para redondear la idea, diciéndole “termine, niña”; una expresión coloquial que se escucha en diferentes regiones del país.

Esta acción le valió al presidente del Congreso sendos titulares de prensa azuzados desde las redes sociales de cientos de influenciadores no partidarios del equipo político que Macías representa. Inclusive, los estudiantes Alejandro Palacio y Jennifer Pedraza fueron entrevistados en la mañana del 10 de octubre por varios medios de comunicación; situación que usaron como plataforma para, entre otros, deslegitimar la operatividad de la mesa directiva del Congreso en poco más de 80 días de funciones; ¡un poco apresurado!, ¿no?

Ahora bien, el suceso podría haber pasado de largo, como otros tantos en el Congreso, de no ser por la viralidad en redes que han sabido usar todos los actores políticos, llámense partidarios o detractores del gobierno de turno. Y a su vez, los periodistas y editores, que saben usar estas situaciones para generar reacciones en sus redes sociales y contenidos en sus plataformas digitales.

Cabe entonces preguntarse si periodistas y editores seguimos siendo quienes informamos a la opinión pública de los sucesos de importancia y relevancia nacional, regional y local o si más bien somos mercaderes en búsqueda de centavos de dólar por cada click, cada reacción o cada view en nuestras plataformas digitales.

De ser los primeros, como la tradición nos lo inculcó en las aulas de clase, estamos fallando al informar la verdadera situación de lo que pasó en el Congreso. De ser los segundos, entonces nos equivocamos aún más, porque para buscar clicks existen otros oficios muy alejados del objetivo de informar bien.

 

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