POSCONFLICTO: RETO DEL NUEVO CONGRESO

Por, Darío Fernando Cepeda

Expresidente del Concejo de Bogotá y candidato a la Cámara

El impacto positivo de la paz para Colombia es evidente. Las cifras de militares afectados física y psicológicamente en el conflicto, la disminución de campesinos víctimas de minas antipersona, la reducción de las extorsiones y en general de todos los actos ejecutados por este grupo insurgente antes de la firma del acuerdo así lo demuestran.

Es preferible ver a estos ex combatientes exponiendo ideas o lanzando propuestas en el ágora política, antes de continuar lanzando artefactos explosivos sobre poblaciones indefensas o realizando pescas milagrosas.

La firma del acuerdo de paz no es el fin del conflicto. Los colombianos queremos una paz con equidad, con inversiones en educación, en salud, en medio ambiente, en oportunidad para los jóvenes, para las personas mayores y, sobre todo, con mayor seguridad en las ciudades y el campo.

El próximo 11 de marzo elegiremos el Congreso del posconflicto con la inmensa responsabilidad de materializar ese anhelo de paz; en esa medida, sus esfuerzos deben estar dirigidos a lograr la inclusión y el desarrollo equitativo de todo el país, tarea pendiente del Gobierno y Congreso actuales.

Bogotá, por ejemplo, requiere con urgencia inversión importante en materia de seguridad ciudadana aumentando el pie de fuerza para combatir la delincuencia y contrarrestar el auge del microtráfico que está agobiando a nuestras niñas, nuestros niños, jóvenes y adolescentes.

Los acuerdos de paz permitirán, a buena parte de los miembros de la fuerza pública, regresar a los centros urbanos para combatir la delincuencia común, responsable de delitos como el hurto de celulares, por citar alguno de los que más afectan la seguridad en los ciudadanos.

El posconflicto también permitirá destinar recursos económicos y humanos en programas de prevención del consumo de sustancias psicoactivas lícitas e ilícitas, en prevención de agresiones contra la mujer, el bullying, embarazo en adolescentes, la obesidad, erradicar la violencia contra las niñas y niños, protección a las personas mayores y, en general, para atender los principales problemas en las sociedades modernas.

En esencia, este tipo de problemática se previene y ataca desde la formación escolar, por ende, la reforma a nuestro sistema educativo resulta fundamental. Estamos en mora de diseñar e implementar cátedras para la formación de ciudadanía, dirigida a la toma de decisiones y la importancia de la participación en la agenda pública.

La paz debe reflejar mayor confianza del sector empresarial e inversionista en todo el territorio nacional, con impacto positivo en la oferta de empleo formal y el apoyo a las nuevas ideas de innovación como la denominada economía naranja, con un futuro inmediato muy promisorio.

…invito a los bogotanos a fortalecer la democracia acudiendo a las urnas en familia, explicando a nuestros hijos la importancia y el valor del voto libre y autónomo.”

Estos son apenas los elementos centrales que estamos empeñadas todas en el Congreso en lograr que se conviertan en realidad, buscando el beneficio general de nuestras congéneres, para que la inclusión en el sistema político colombiano nos ponga en igualdad de condiciones y podamos acceder de una manera más justa a los cargos de dirección del Estado.

El desplazamiento forzado generado por el conflicto armado resquebrajó la integridad en miles de familias. En ese sentido, debemos girar nuestra mirada hacia la familia y recuperar su valor como núcleo esencial de la sociedad. Si tenemos una mejor familia, tendremos una mejor ciudad y obviamente un mejor país. Las ventajas del acuerdo de paz también deben verse reflejadas en el bienestar, la unión, el fortalecimiento y desarrollo de nuestros hogares.

En ese orden de ideas, nuestras niñas, nuestros niños, los jóvenes, los adolescentes, las mujeres, las personas mayores, las personas que padecen algún tipo de discapacidad, la familia y su entorno en general, debe ocupar lugares privilegiados en la agenda política del país. Con familias fortalecidas y una comunidad formada en ciudadanía, lograremos contrarrestar otra problemática enquistada en todas las esferas de nuestra sociedad como es la corrupción.

La recuperación de los valores será la base para tener una mejor sociedad. El primer paso en esta retoma de consciencia debe verse en las próximas elecciones de Congreso; por ello, invito a los bogotanos a fortalecer la democracia acudiendo a las urnas en familia, explicando a nuestros hijos la importancia y el valor del voto libre y autónomo. Si queremos una sociedad diferente, debemos elegir diferente. El voto no se hipoteca, no se vende ni se cambia; el voto en realidad hace la diferencia.

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