¿Qué está pasando en Nicaragua?

Actualidad Internacionales

La salida a la crisis que vive Nicaragua, donde las protestas ya dejan más de 300 muertos en menos de cuatro meses, parece estar lejos de encontrarse. La advertencia del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, de que no renunciará al cargo, cierra las puertas a la posibilidad de anticipar elecciones, como lo piden sus opositores, para bajar las tensiones.

El mandatario le dejó claro a sus adversarios que su periodo electoral finaliza en el 2021 y que está descartado adelantar las elecciones porque eso empeoraría las cosas por la inestabilidad e inseguridad que generaría al país. Aunque Ortega aseguró que todo está volviendo a la normalidad, tras los violentos disturbios presentados, analistas consideran que la situación sigue siendo frágil. Las protestas que iniciaron en abril pasado, contra una reforma a la seguridad social propuesta por el gobierno, fueron creciendo como espuma con un nuevo ingrediente: la petición de sectores sociales para que Ortega abandone el poder.

El Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, niega ataques a manifestantes.

Las manifestaciones que fueron reprimidas por fuerzas estatales y grupos paramilitares afines al gobernante dejaron más de 450 muertos, lo que generó el rechazo de la comunidad internacional que de manera unánime condenó lo que consideró violación a los derechos humanos y las libertades fundamentales. En una reciente declaración, trece países de la región, incluido Colombia, exigieron “el cese inmediato de los actos de violencia, intimidación y amenazas dirigidas a la sociedad nicaragüense” e instalaron a reactivar el diálogo nacional dentro de un clima de respeto para generar soluciones pacíficas y sostenibles a la compleja situación.

Para los gobiernos del continente, es imperativo fortalecer la democracia y el Estado de Derecho en Nicaragua. Por esa razón, han dado un amplio respaldo a la Conferencia Episcopal de ese país para que continúe los trabajos en pro de la búsqueda y promoción de soluciones al conflicto que se está presentando. Los esfuerzos van encaminados a que el Gobierno y los actores sociales participen de manera constructiva en negociaciones pacíficas que lleven a la consolidación de las instituciones y a la celebración de unas elecciones “libres, justas y oportunas”, en un ambiente que esté al margen del “miedo, la intimidación, amenazas o cualquier tipo de violencia”.

Ortega, quien ha gobernado Nicaragua durante dos décadas, negó que los manifestantes hayan sido atacados y mucho menos que grupos paramilitares progubernamentales hubiesen actuado junto a las fuerzas estatales en el control de los disturbios. El mandatario fue mucho más allá al acusar a milicias financiadas por narcotraficantes y agencias de los Estados Unidos de agredir a policías durante las movilizaciones populares. Según el presidente, lo que está en marcha es una “campaña de mentiras” para dañar la imagen de Nicaragua y su gobierno.

Los efectos de la crisis ya se sienten en la nación centroamericana, cuya economía ya está en la mira de las calificadoras de riesgo. Una primera medida la tomó Standard and Poor’s (S&P), la cual anunció en estos días que degradó la nota de la deuda soberana de la nación, de B+ a B, con perspectiva negativa debido al conflicto político que allí se registra. En el marco de las protestas, los manifestantes bloquearon carreteras, lo que afectó la movilización de mercancías y el abastecimiento de víveres en algunas zonas del país.

En una reciente publicación de Portafolio, Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano y profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Georgetown, consideró que América Latina pasa por un momento político de transición con estructuras, partidos y liderazgos tradicionales en declive, y otros que vienen emergiendo en la región. En su concepto, no hay una tendencia clara porque, mientras en México se habla de un giro a la izquierda, en otros países está pasando todo lo contrario.

Aunque la mayor preocupación para el hemisferio es la situación que está viviendo Venezuela, con alto impacto en Suramérica por el éxodo masivo que se está presentando, los ojos apuntan ahora a lo que está pasando en Nicaragua. Sin embargo, Shifter cree que entre el uno y el otro hay diferencias. “Ortega no tiene petróleo para sostenerse en el poder eternamente, ni para comprar apoyos. Además, la dimensión de las protestas es extraordinaria y los políticos tradicionales y empresarios que lo apoyaban le están dando la espalda; su situación es mucho más frágil que la de (Nicolás) Maduro. Las semejanzas son la falta de caminos viables para salir de las crisis y el potencial de desenlaces desastrosos”.

Las protestas contra el gobierno de Ortega dejan más de 450 muertos.
Comparte este contenido en tus redes sociales