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Un éxodo imparable

La petición de la comunidad internacional de encontrar una salida democrática a la crisis económica, política y social que afronta Venezuela sigue sin respuesta. Mientras tanto, el éxodo de ciudadanos de ese país hacia Colombia no se detiene, desbordando todos los estimativos de ayuda. La situación ya empieza a preocupar al Gobierno, a las autoridades y, por supuesto, a la sociedad civil que ve a diario cómo poco a poco se agrandan las estadísticas sobre la llegada masiva de venezolanos en busca de mejores condiciones para vivir.

Como un problema lejos de solucionarse, el abismal debacle político y económico que enfrenta Venezuela ha provocado que en los últimos tres años más del 34% de sus ciudadanos opten por marcharse de su país para buscar refugio en otras naciones.

Históricamente, la frontera entre Colombia y Venezuela ha sido una de las más dinámicas, con mayor intensidad en Cúcuta, Villa del Rosario, Arauca y Arauquita. En estos pasos fronterizos, el movimiento poblacional ha sido permanente e incluso hace unas décadas los colombianos viajaban en búsqueda de un futuro prometedor al vecino país y el turismo era muy activo.  

Hoy por hoy, Colombia ha tenido que enfrentarse de lleno a este fenómeno de éxodo masivo, lo que le ha significado grandes retos en materia política, social y económica. Según un informe de Migración Colombia, más de un millón de venezolanos ingresaron a territorio nacional por los pasos internacionales de los departamentos de Arauca, La Guajira y Guainía. Una cifra alarmante si se tiene en cuenta que ambas naciones comparten más de 2 mil kilómetros de frontera, lo que la convierte en un punto histórico de fácil acceso.

El éxodo masivo ha representado para Colombia dificultades presupuestales y sociales.

Ante este panorama, la diáspora de ciudadanos venezolanos, está poniendo a prueba la política migratoria de Colombia. La respuesta a este desafío ha llevado a un sinnúmero de aplausos, pero también de cuestionamientos. Mientras que unos alegan que dichas normas se han quedado cortas y que hay que reestructurar la ley con intervenciones rápidas y efectivas, otros lo ven como una gran oportunidad para que el país se presente como un actor humanitario en la política internacional.

“Si para los colombianos las condiciones de vida son difíciles- en buena medida por un Estado ineficiente-, para la población vecina lo será aún más si deciden residir en el país”, asegura Juan Francisco Gómez, politólogo de la Universidad de los Andes, quien considera que el presidente que asuma funciones el 7 de agosto próximo, tendrá que pensar en una nueva y mejorada política migratoria que le permita a un porcentaje de venezolanos acceder a trabajos formales en Colombia.

De acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en el último mes se alcanzaron a cuantificar 50.000 ingresos de ciudadanos venezolanos por las diferentes líneas fronterizas. Una cifra que va en aumento ya que hasta hace dos meses se había reportado un flujo diario de 35.000 personas con planes de establecerse de manera definitiva en el país andino.

La canciller colombiana, María Ángela Holguín, considera que es deber de todos los países latinoamericanos hacerle frente a la crisis humanitaria que vive Venezuela.

Pese al fenómeno migratorio, los organismos internacionales reconocen que el Gobierno colombiano haya puesto sus cartas sobre la mesa, con acciones coordinadas entre los alcaldes, gobernadores fronterizos y el sector empresarial para mitigar su impacto.

Según la canciller colombiana, María Ángela Holguín, la atención de los migrantes venezolanos no está solo en manos de Colombia. “Una crisis migratoria como esta tiene origen en los problemas económicos, sociales y políticos que vive hoy Venezuela y no podemos resolverla desde Colombia”, enfatiza.

Lo cierto es que, pese a poseer la más importante reserva petrolera del planeta y proyectarse como un país en expansión, las decisiones del presidente venezolano, Nic

olás Maduro, han hecho que esa nación suramericana se convierta en una economía cerrada y sin posibilidades de crecimiento.

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