Editorial Gobierno

Por Álvaro Erazo Paz

 

El presidente de la República, Iván Duque Márquez, llegó con las “pilas” puestas a gobernar el país en medio de una coyuntura difícil por la polarización que vive la sociedad, una economía con asomos de recuperación, la incertidumbre sobre el futuro del proceso de paz, la necesidad de acabar con la corrupción y la urgencia de darle soluciones a los problemas que afectan el sistema de salud. Como representante de un cambio generacional, el joven mandatario le apunta a la búsqueda de consensos para la construcción de un “futuro mejor para todos”, en el que se respeten las diferencias ideológicas y se le dé cabida a la discusión civilizada entre colombianos.

Las señales que ha enviado en sus primeras semanas de gobierno, así lo han demostrado. Con un mensaje conciliador, Duque logró sentar en una misma mesa a las distintas organizaciones políticas del país, incluido el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), que nació de los acuerdos de paz firmados en 2016, para diseñar una estrategia contra la corrupción. La gestión emprendida entonces ya dio sus primeros frutos con el entendimiento entre los partidos para acoger el proyecto que congela los salarios a altos funcionarios del Estado. A los actuales congresistas se les congelará el sueldo hasta el final de su periodo y quienes sean elegidos en el 2022 devengarán máximo 25 salarios mínimos.

El presidente ha dado muestras de querer gobernar sin espejo retrovisor, ni revanchismos y, en cambio, ha concentrado sus energías en recorrer más de una veintena de lugares a lo largo y ancho del territorio nacional, para fortalecer el diálogo social, a través de los talleres “Construyendo País”, con el ánimo de responder en tiempo real a las necesidades que tienen las regiones en materia de salud, educación, vivienda, infraestructura vial y seguridad urbana y rural.

El gran pacto que propuso en su discurso de posesión, lo llevó a enfocarse en lo que debe unir a Colombia como nación. Por ello, invitó a los distintos sectores a trabajar unidos para sacar adelante reformas como la judicial, con el fin de recuperar la confianza de la sociedad en quienes administran justicia, como elemento esencial para la consolidación de la democracia. También se centró en darle fuerza a proyectos de emprendimiento como una manera de generar mayores oportunidades de empleo a los colombianos, en aliviar las cargas tributarias a los empresarios y en ayudar al crecimiento del país a través del estímulo a las industrias creativas, en el marco de la llamada economía naranja, considerada la principal bandera de su administración.

Enormes retos en los que todas las instituciones, sin excepción, deben acompañar al mandatario para llevarlos a buen puerto. En esa tarea, el Congreso de la República tendrá la responsabilidad de darle vida a las reformas urgentes que requiere Colombia para caminar por la senda del crecimiento económico y social, al margen de la orilla (oposición, independencia o gobierno) en la que puedan encontrarse las fuerzas políticas con representación en el Legislativo.

 

 

Comparte este contenido en tus redes sociales
  •  
  •  
  •  
  •