Columnistas Opinión

Una reflexión sobre el POT para Bogotá

David-Racero-1

Por: David Racero

Representante a la Cámara por Bogotá del partido Decentes

El pasado lunes 10 de diciembre del 2018, en las instalaciones de la Comisión Primera de la Cámara de Representantes del Congreso de la República, nos sumamos a la iniciativa de la Honorable Representante Ángela María Robledo para empezar una reflexión y un diálogo riguroso sobre el Proyecto de Acuerdo de Plan de Ordenamiento Territorial para Bogotá que radicó la Administración Distrital.

Acerca del mismo es pertinente señalar algunos aspectos problemáticos sobre los cuales, como ciudadanos, debemos movilizarnos para examinar con prontitud y denunciar aquellos aspectos inconvenientes relacionados con el patrimonio ambiental y la calidad de vida de quienes residimos en Bogotá. Lo anterior, debido a que ya fueron surtidas las etapas de seguimiento y evaluación, diagnóstico, formulación y una primera fase de participación ciudadana. Adicionalmente, la Secretaría Distrital de Planeación anunció, el 20 de noviembre del 2018, que radicó ante la Corporación Autónoma de Cundinamarca y la Secretaría Distrital de Ambiente este documento para su respectiva concertación. De acuerdo con entrevista al Secretario de Planeación, publicada en El Espectador el 9 de diciembre, se prevé que, a más tardar en junio de 2019, el Proyecto de Acuerdo del POT sea presentado ante el Consejo Distrital Territorial de Planeación y, posteriormente, ante el Concejo de la ciudad.

Para empezar, el ordenamiento de la ciudad que propone la administración de Enrique Peñalosa se dispone a través de tres ejes, a saber: la estructura ambiental y de espacio público; la estructura funcional y de soporte y la estructura social y económica. Ahora bien, dentro de la primera de ellas se contempla la articulación de la estructura ecológica principal con diseños arquitectónicos, lo cual brindaría una mayor provisión de escenarios públicos para el disfrute de los ciudadanos.

Indudablemente, en Bogotá deben emprenderse acciones para incrementar el área efectiva de espacio público del que disfruta cada ciudadano, pero preocupan lo que serían este tipo de intervenciones porque desnaturalizan entornos protegidos o que deben conservarse. Un ejemplo de esto sería el Sendero Panorámico Cortafuegos de los Cerros Orientales que proyecta construir en zonas de la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, afectando los ecosistemas que se localizan en las partes más altas de Usaquén, Chapinero, Santa Fe, San Cristóbal y Usme.

Una situación similar a la descrita antes ocurriría con la construcción deun Parque Metropolitano, también en los cerros. De manera adicional, sobre algunos humedales de la ciudad se aspira a la adecuación de infraestructura para el tránsito de los ciudadanos.

Además de la inquietud alrededor del menoscabo de la funcionalidad de los entornos ecológicos, cabe preguntarse por las alternativas para la generación de espacio público y, de la misma forma, si el criterio que prima para el ordenamiento de la ciudad es el de un paisajismo en el cual los ecosistemas están al servicio de las aspiraciones humanas.

En segunda instancia, y en lo referente a la estructura funcional y de soporte, es primordial realizar veeduría a la proyección de las líneas del Metro, al sistema de ciclovías y cicloparqueaderos. Asimismo, a los equipamientos de bienes y servicios que se desarrollarían para la prestación de los servicios públicos domiciliarios.

La extensión a otras arterias viales de la ciudad del Transmilenio es, también un asunto que siembra la duda sobre la dignidad y la eficacia de lo que se proyecta para la movilidad de los ciudadanos.

Especial atención merece la Reserva Thomas Van Der Hammen, pues el Distrito se encuentra a la espera del pronunciamiento de la Corporación Autónoma Regional sobre el estudio que esta entidad realiza para determinar la conveniencia de sustraer áreas protegidas. De ser favorable el fallo a los planes de la administración, los predios excluidos, dados los nuevos linderos de la RTVDH, adquirirán la condición de suelos de expansión y, por tanto, en los mismos se podrá construir malla vial, viviendas y extender la prestación de servicios públicos. Esto, so pena de la fragmentación del ecosistema y de su pérdida de conectividad.

Por último, en la estructura social y económica se encuentran proyectos residenciales, del patrimonio cultural y del sistema de equipamientos. Ciudad Norte – incluido Lagos de Torca, en el área de la RTVDH-, Ciudad Río y Ciudad Sur, que, de acuerdo a los planes de la administración, albergarán aproximadamente 975.000 viviendas.

De aquí se infiere que el modelo de ciudad que se propone al año 2030 se cimienta en la ocupación de los bordes y en el traslado, a las zonas más alejadas del centro, de las personas que habitarían las nuevas viviendas.

¿A quién beneficia la construcción de casi 1 millón de viviendas nuevas en Bogotá? Esto considerando que las urbanizaciones se ubicarán en los bordes de la ciudad, zonas de transición con la ruralidad y que además son áreas de riesgo, en las que podrían tener lugar emergencias por inundación y otros eventos.

Dos ideas más serán expuestas para cerrar. De una parte, el cuestionamiento a la actual Administración Distrital por la sobreestimación de la población que en los próximos 12 años residirá en Bogotá. En el último censo del DANE (2018) se ha registrado una población menor a 8.000.000 de personas y las proyecciones no estiman que se crezca en un número tal que haya necesidad de construir 1 millón de viviendas nuevas o planear la ciudad para albergar más de 1.200.000 nuevos habitantes.

Así las cosas, el tema de las cifras es otro inconveniente a resolver. Hoy es imperativo tomar acciones frente a la crisis ambiental de carácter global que nos asiste. Por ello, adaptarse al cambio climático y mitigar sus efectos es tarea esencial, máxime cuando en junio de 2017 el Ideam expresó que, dentro de las ciudades, Bogotá sería la más afectada por este fenómeno en el país, pues su seguridad alimentaria y la disponibilidad hídrica se comprometerían y, con certeza, habría habitantes que no podrían cubrir sus necesidades básicas.

Existen ideas interesantes en el Proyecto de Acuerdo de Plan de Ordenamiento Territorial para Bogotá, tales como el impulso al uso de la bicicleta, la mezcla de usos del suelo, la revitalización del centro y medidas que serían polémicas, como la restricción a la construcción de nuevos parqueaderos. No obstante, para avanzar en la garantía del derecho a la ciudad para la mayoría de los habitantes, es imprescindible pensar dos aspectos básicos: el respeto de los entornos naturales y que los bienes y servicios que se proyectan permitan garantizar mínimos vitales para los habitantes de la ciudad.

De ahí que la tarea de estudiar los proyectos estratégicos del ordenamiento territorial y ambiental que propone Peñalosa para Bogotá nos compete a todos, pues está en juego nuestro futuro y la materialización de una ciudad acorde con nuestras necesidades.

Comparte este contenido en tus redes sociales
  • 12
  •  
  •  
  •  
    12
    Shares