Columnistas Opinión

Unificar elecciones en un país en el que no se ha aprendido a votar

Andrés Polanía Sánchez
Comunicador Social
apolaniasanchez@gmail.com

 

Cursa en la Cámara de Representantes el proyecto de acto legislativo para la unificación del periodo presidencial con los mandatos de alcaldes, gobernadores, diputados y concejales. La iniciativa que tiene como bandera el empalme de los planes de desarrollo ha suscitado diferentes voces, pero la que más descuella es la muerte en su avance, pese a que ya fue aprobada en primer debate.

Ahora bien, aparte de los análisis a grosso modo existe uno que es muy preocupante: la pedagogía electoral. En las elecciones de Senado y Cámara, por poner un ejemplo, los aspirantes invierten mucho de su tiempo explicando a las personas cómo votar, llegando incluso a “cambiarse el nombre” por un logo símbolo y un número en temporada de campaña.


 ¿Cuáles serían las estrategias de los candidatos para hacer una pedagogía electoral en la que aseguren sus votos sin inducir a abandonar otros procesos de elección?


Pese al tiempo invertido en pedagogía electoral por los equipos de campaña y los aspirantes, el porcentaje de votos nulos es alto; se evidencia entonces que aún los colombianos no han aprendido a votar o bien y que el manejo de los tarjetones les es dificultoso.

Basta con mirar la página web de la Registraduría Nacional y evaluar algunas cifras de las pasadas elecciones para el Congreso de la República: 1.137.133 votos nulos y 871.444 tarjetones no marcados para el Senado, y 1.651.743 votos nulos y 544.006 tarjetones no marcados para Cámara.

Cabría entonces preguntarse ¿cuáles serían los porcentajes de error cuando a los votantes se les entregue cinco o más tarjetones? ¿Cuáles serían las estrategias de los candidatos para hacer una pedagogía electoral en la que aseguren sus votos sin inducir a abandonar otros procesos de elección? ¿Incrementaría el porcentaje de abstención que hoy bordea el 55% para ambas corporaciones?

Estas preguntas y sus aristas se responderían con una sola frase: incrementar la pedagogía electoral; pero vendría entonces la contra pregunta: ¿es justo para los electores estar en mítines políticos aprendiendo a marcar una tarjeta en vez de estar escuchando las propuestas del candidato o, mejor, planteando ideas de desarrollo para sus comunidades?

Por su propio peso el acto legislativo se caerá y entonces será pertinente buscar un mecanismo nuevo para que los tiempos de elecciones permitan ejecutar los planes de desarrollo con una Ley de Garantías modificada y al unísono entre gobiernos central, regionales y locales.   

 

 

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